Desde siempre he sentido admiración por los árboles. Encuentro en ellos inspiración, fuerza, cobijo, amparo, quietud y tantas otras cosas. Desde hace ya un tiempo, utilizo asiduamente la imagen del árbol en la visualización durante la práctica de Yoga Nidra como eje central alrededor del cual trabajar diferentes aspectos del ser: el árbol como símbolo a través del cual trabajar las etapas de la vida, la conexión con los ciclos de la naturaleza y la energía de cada una de las estaciones; el árbol como símbolo a través del cual trabajar la ciclicidad femenina, el árbol como símbolo de enraizamiento, fuerza, abundancia, transformación, muerte y renacimiento; el árbol como símbolo de pertenencia a la Tierra y también como símbolo de desapego; de aquí la sesión Como una hoja que danza con la brisa que puedes encontrar en este enlace.

En este artículo comparto contigo un extracto del maravilloso libro “Sabia como un árbol”.

“Sabia como un árbol nació de los paseos cotidianos que Jean Shinoda Bolen realiza por los bosques californianos y de su dolor por la muerte de un pino de Monterrey que fue talado en su barrio. El libro es una exploración poéetica, pedagógica, mística y realista de la interdependencia de los seres humanos y los árboles”.

El pasaje que compartimos a continuación nos acerca a la comprensión del simbolismo del árbol y a la mirada de Jung a “su árbol personal”.

El árbol como símbolo de sí mismo*


Los árboles que recordamos de un sueño o un mito, y que pasan así a formar parte de nuestra realidad ordinaria, cobran significado cuando establecemos conexión entre ambos hechos; ese árbol adquiere entonces una cualidad especial.. Un olivo es simplemente un olivo, o un roble es simplemente un roble, hasta que una percepción directa, un ritual o una sincronicidad simbólicos les otorgan un significado más profundo. Puede que un árbol en particular esté conectado simbólicamente con un ser querido o una figura mística. Con frecuencia, en la psicología de Jung un árbol es símbolo del Sí-mismo -nombre que da al arquetipo del sentido, y que es un término genérico para denominar las incontables maneras en que experimentamos tener un sentimiento de propósito que crece de dentro afuera-. La conexión con el Sí-mismo es como tener una brújula interior que se ve atraída por el imán de la divinidad o de la sabiduría y que nos ayuda a tomar decisiones fieles a quienes somos, a dar un paso en la dirección correcta, y luego otro. Muy a menudo, la elección que se ha de hacer es una elección de creencia, entre lo que otros dicen que creamos y lo que sabemos por nosotros mismos que es verdad.

En su ensayo The Philosophical Tree, Jung sintetizó los significados habituales que tiene un árbol como símbolo personal: “Las asociaciones más comunes con su significado son el crecimiento, la vida, el despliegue de forma en sentido físico y espiritual, el desarrollo, el crecimiento de abajo arriba, y de arriba abajo, el aspecto maternal (protección, sombra, cobijo, frutos nutritivos, fuente de vida, solidez, permanencia, firme arraigo, pero también “clavado al suelo”), la vejez, la personalidad y, finalmente, la muerte y el renacimiento”. (Obras completas de C. G. Jung, 1967). Jung comenta que tanto en Oriente como en Occidente, el árbol simboliza un proceso vivo de iluminación, y si consideramos que el mandala es símbolo del Sí-mismo, visto desde una sección transversal, el árbol representaría una vista de su silueta: el Sí-mismo como proceso de crecimiento.

El árbol simbólico personal de Jung

 

En uno de los propios sueños de Jung aparecía el árbol como símbolo de esperanza, vitalidad y transformación. Hacia la mitad de su vida, durante un período en el que estaba desorientado y sentía como su hubiera perdido el alma, siguió sus sueños, visiones y su fértil imaginación, lo cual le condujo a las profundidades, donde temió estar sufriendo una psicosis. Tuvo una serie de impactantes sueños en los que el frío del Ártico descendía hasta helar la Tierra y convertirla en hielo; toda la vida vegetal moría a causa de la helada en el primero y en el segundo de ellos. En el tercer sueño, el frío glacial descendía igual que en los anteriores, pero esta vez, escribió: “había un árbol con hojas, pero sin frutos (mi árbol de la vida, pensé yo), y estas hojas, por influencia de la helada, se convertían en dulces granos de uva llenos de un saludable zumo. Cogí las uvas y las regalé a una muchedumbre expectante”, (Jung, “Confrontaciones con el inconsciente”, Memories, Dreams, Reflextions, 1963, pág. 176 (Recuerdos, sueños, pensamientos, 1966).

Como comenta Jung, el árbol se su sueño es un símbolo de su árbol de la vida. Este árbol sobrevivió al frío ártico. La prueba, extremadamente dura que hubo de superar, transformó el árbol de hoja verde en uvas henchidas de jugo sanador, que podía arrancar y  ofrecer a la multitud expectante.

 

Este árbol era un símbolo de afirmación en medio de la incertidumbre y la ansiedad. Albergaba la promesa de que su sufrimiento tendría un sentido, que daría fruto. Sabemos que las contribuciones que hizo Jung al conocimiento de la psique, tales como el inconsciente colectivo, los arquetipos, la ánima, la sombra, la sincronicidad, y tantas cosas más, tuvieron sus orígenes en este período de exploración de la psique. Los jugos sanadores de los frutos de su árbol d ela vida etán en sus obras Obras completas y en el análisis junguiano”.

La imagen de la izquierda aparece en El libro rojo de Jung, una magnífica obra que recoge los escritos y el arte que Jung plasmó a diario durante este período al que J. S. Bolen se refiere en el texto.

El Sí-mismo es una magnitud antepuesta al “Yo consciente” Comprende no sólo la “psique consciente”, sino también lo “inconsciente”, y por ello es, por así decirlo, una personalidad que “también” somos. Citado por la traductora en el libro, junto al enlace de la cita.