Susurros del bosque I

Debajo de la capa superficial de tierra donde pisan tus pies, hay todo un mundo: un universo rico en vida y misterio. Un mundo subterráneo invisible a tus ojos pero tan vasto e inexorable como las galaxias y el cosmos. Del macro al micro. Y tal y como es allá, fuera del planeta, también lo es aquí, dentro del planeta.

 

No te pedimos que hagas nada, no necesitas conocerlo todo, no necesitas tener todas las respuestas para ser sabia. Lo que sí te pedimos es que seas consciente de que aquí, más abajo de tus pies, hay vida, hay inteligencia, hay organización, hay armonía, hay comunicación. Tus pasos se sienten, los sentimos. Tus emociones se funden con lo que está arriba y con lo que está abajo. La armonía del bosque se impregna en tu sistema y por eso te sientes tan bien aquí. Eres bienvenida, siempre.

 

Nosotros, los seres intraterrenos, tendemos redes de comunicación y apoyo. Aquí todo es perfecto. Sabemos que allá arriba y afuera están sucediendo cosas, pero también llevamos aquí mucho, mucho tiempo, y ¿sabes qué?, siempre han sucedido cosas allá arriba y fuera desde que los seres humanos se organizaron en lo que llaman ustedes civilización.

 

* Mientras me sacudo una hormiga de 4 cm de la pierna:

– Pide disculpas a la hormiga. No iba a hacerte daño. Estás en su habitat, recuérdalo.

– ¿Por qué me habláis a mi?

 

Te hablamos a ti porque nos escuchas, porque estás abierta a recibirnos. Porque no juzgas. Porque crees en la magia de la vida. Porque crees en el misterio. Porque crees en el orden que rige la vida, aquí abajo, allí arriba y fuera de la Tierra.

 

Cuéntales a quienes quieran oír que el bosque les está esperando siempre. Que se acerquen como lo hiciste tú hoy: primero descansando, vaciando la carga de la mochila con la que cada uno llega aquí. No necesitan hacer nada. El bosque lo hace con ustedes. Recuérdales que son parte de este orden, de esta armonía, de esta belleza. Recuérdales que para escuchar, para percibir, han de estar dispuestos a entregarse a los brazos de la tierra, sin expectativas, sin exigencias. Entregarse como un bebé se entrega a su madre: con confianza y vulnerabilidad. La vida de arriba y la vida de abajo trabajan en conjunto.

 

¿Ves este abeto? ¿Ves esa rama que se aferra a la vida aún cuando el árbol se ha partido en medio? Esa rama se aferra a la vida gracias a lo que recoge de arriba y a lo que recoge de abajo. Aquí, debajo tuyo, estamos haciendo lo que hemos venido a hacer: cada uno en lo suyo. Sin interferir en el otro, sin aconsejar al otro cómo ha de hacer su tarea, sin querer copiar lo que hace el otro porque cada uno se reconoce como una parte tan grande como importante de la Gran Inteligencia. Nada ni nadie es insignificante en el entramado de la vida. Cada cual tiene su lugar, único e irrepetible.

 

Los seres humanos han olvidado ésto y por ello suceden las cosas que suceden allí arriba. Pero lo que sucede allí arriba, solo sucede entre ustedes. Aunque crean que les están haciendo daño a los demás seres de otros reinos, eso no es así: ¿has visto cómo los animales no hacen una revolución? No lo necesitan. ¿Te das cuenta que los animales no atacan a quienes los hacen esclavos? No lo necesitan. Están en otra esfera de la vida, donde reina la aceptación, donde no hay rivalidad, donde no hay disputa. El resto de reinos, con su infinita bondad e inteligencia simplemente aguardan a que los seres humanos recuerden cómo estar en la vida aquí en la Tierra.

 

Solo que ahora es como empezar de nuevo porque sois muchos más que antes de que se organizaran en civilizaciones. Pero es posible encontrar la manera. Solo necesitan recordar que han sido dotados de la misma inteligencia que el resto de los reinos. En cada una de nosotros está la semilla del orden, de la armonía, de la belleza, de la bondad, del equilibrio. Solo necesitan vaciarse de todo lo demás, como quien se quita la ropa y se queda solo son su piel.