Susurros del bosque II

Comunicación con los árboles

 

Hoy he ido a despedirme de uno de mis rincones favoritos de Osona, comarca en la que he pasado una gran parte de este verano. Desde hace algunos años, visito este rincón donde hay una ermita con unas maravillosas vistas al pueblo medieval y que está rodeada de un hermoso jardín natural. Podría decir que este lugar es uno de mis rincones favoritos del mundo.

Aquí, está Abeto, mi amigo árbol. Y hoy, mientras me despedía de él, me susurró: escribe sobre cómo te conectas conmigo y con los demás.

Y bien, aquí estoy.

Algunas veces he leído que para conectar con los árboles necesitamos un mínimo de 30 minutos; tiempo medio estimado para que nuestra columna vertebral y el tronco del árbol se sintonicen y ambos cuerpos comiencen a comunicarse e intercambiar información y energía.

 

En la práctica, es decir, por lo que vengo experimentando hace algunos años, lo fundamental para conectar con un árbol -al igual que para hacerlo con cualquier otro ser- es que podamos hacerlo desde una presencia abierta al tiempo sin tiempo. Es decir, no estar pendientes del tiempo que pasa, contabilizando los minutos como si fuera una fórmula matemática. Porque no lo es.

Pero sí es una fórmula mágica: llegas, te sientas con la espalda en contacto con el tronco, y observas. No buscando ni esperando nada. Simplemente estando.

Entonces, lo primero que sucede es que el entorno natural va a incidir en nuestro sistema. Todo lo que está vivo y presente en el entorno va a entrar en sintonía con nuestro sistema Ordenando los diferentes cuerpo. Transcurrido cierto lapso de tiempo, todo nuestro sistema con sus diferentes cuerpos estará organizado: ya no habrá un cuerpo preponderante, sino que todos estarán en equilibrio.

Esto lleva a una consecuente Recalibración de todos los cuerpos (físico, energético, mental, emocional, espiritual) que posibilita que cada uno pueda resetearse y  todos estén integrados en una unidad holística equilibrada.

A partir de ahí, entonces se da la Armonización del cuerpo/sistema humano con el entorno natural en el que aquél está inmerso. Podríamos decir que lo que va a suceder a partir de aquí es que tu sistema se sintoniza con el sistema del entorno, como dos antenas que se encuentran: una como antena emisora y la otra como antena receptora, y viceversa al mismo tiempo. También podríamos decir que el sonido, la melodía de tu sistema ya no desentona con la melodía del entorno sino que se une como instrumento a la sinfonía vibratoria del espacio circundante.

Entonces, ¿cómo vamos a medir o calcular todo ésto?  Para que el O.R.A pueda darse, tendré que tener en cuenta 3 factores:

1  – Cómo me encuentro en ese momento. No es lo mismo entrar en un entorno natural recién levantada y sin otra actividad mediante que hacerlo tras un día de trabajo intenso durante el cual, además, recibí una noticia difícil de procesar.

2 – La facilidad con la que pueda rendirme, soltarme y entregarme a la relajación. La habilidad que tenga para estar en ser -sin hacer- y en sentir – sin pensar -. En definitiva: la capacidad que tenga con estar en presencia, sin proyecciones o expectativas.

3 – El grado de familiaridad con el entorno.

 

Este último punto es de gran relevancia a la hora de conectar con un árbol. ¿Por qué?

 

Porque los árboles pueden sentirnos, reconocernos. Los árboles guardan memoria de nuestra presencia y, al entrar en contacto con ellos por primera vez, sucede igual que cuando conocemos a alguien. Si la comunicación y el vínculo se establece, a partir de ahí, cada vez que visite al árbol será como reencontrarme con un amigo, con alguien que me es -y para quien soy- familiar.

Los árboles nos reconocen, y nosotros reconocemos a los árboles, a través del sentir.

Y, cuanto más estemos en contacto con ese árbol, cuanto más prolongada sea nuestra relación, más fácil será entrar en contacto. Puede que haya tenido un mal día, y puede incluso que ese día me cueste relajarme, soltarme y estar en presencia. Pero si el árbol y yo nos conocemos, nos hemos sentido anteriormente, y hay un vínculo entre nosotros, entonces el árbol rápidamente me da una especie de ducha de O.R.A.

Y lo puedes ver así, tal cual, como cuando te pones debajo de la ducha y dejas que el agua corra por tu cuerpo, y te limpie, y te alivie, y te reconforte. Same same but diferent (dicen en Tailandia: igual, igual, pero diferente). Todo el árbol, como sistema, te limpia, te lava, te reconforta y te lleva a pasar por los tres pasos de O.R.A:

 

Orden

Recalibración

Armonización